Exportaciones de México rompen récord: el país que ahora le vende las computadoras a Estados Unidos

Con más de 90 mil millones de dólares enviados en solo siete meses y más de un tercio del mercado estadounidense, México desplazó a Asia en la industria tecnológica. Te contamos qué está detrás del salto y cuál es la tarea pendiente.

Hubo un tiempo en que pensar en computadoras era pensar en Asia. Hoy, buena parte de las laptops, servidores y equipos de almacenamiento que llegan a oficinas, centros de datos y hogares estadounidenses salen de fábricas mexicanas. De enero a julio de 2026, México capturó 36.8% de las importaciones de equipo de cómputo de Estados Unidos, su mayor participación histórica, y se afianzó como el primer proveedor externo de ese mercado.

La cifra no es un detalle menor. Las ventas mexicanas de estos productos a Estados Unidos sumaron 90,834 millones de dólares en siete meses, casi el doble (96.3% más) que en el mismo periodo de 2025. Pocas industrias logran duplicar su negocio en un año, y menos aún lo hacen siendo ya un proveedor de primera línea.

Exportación de computadoras

Para entender el fenómeno hay que mirar primero el tablero global. La demanda de equipo de cómputo en Estados Unidos vive una etapa de aceleración: entre enero y julio, el total de sus importaciones en este rubro creció 85.1%. Detrás hay tres motores que se refuerzan entre sí: la transformación digital de empresas y gobiernos, la carrera por desplegar infraestructura de inteligencia artificial, que exige servidores y almacenamiento en cantidades enormes, y la renovación constante de equipos en un mercado cada vez más conectado.

Pero no solo cambió cuánto se compra, sino también a quién. Washington y las empresas tecnológicas estadounidenses llevan años buscando reducir su dependencia de China, tanto por riesgos geopolíticos como por el peso de los aranceles y la fragilidad de las cadenas logísticas, expuesta con cada interrupción en puertos y rutas marítimas. El resultado es una reconfiguración visible: China recortó de forma drástica sus envíos de computadoras al mercado estadounidense, y otros jugadores ocupan ese espacio.

Entre ellos figuran Taiwán, Vietnam y Tailandia, que también registraron aumentos importantes en sus ventas. La competencia es intensa y el pastel crece para varios. Sin embargo, ninguno logró el salto de México, que no solo creció, sino que encabezó la lista.

La lógica es casi de sentido común empresarial. Fabricar cerca del cliente reduce tiempos de entrega, abarata el transporte, facilita la supervisión y disminuye el riesgo de que un conflicto lejano detenga la producción. En una industria donde los ciclos de producto son cortos y la demanda puede dispararse de un trimestre a otro, la cercanía es una ventaja competitiva.

Exportación de computadoras en México

En el caso mexicano, el récord de 2026 es la culminación de una escalada sostenida. En 2015, el país representaba 18.6% de las compras estadounidenses de equipo de cómputo; en 2025 ya alcanzaba 26.8%, y en lo que va de este año llegó a 36.8%. En una década su participación casi se duplicó, lo que habla más de una estrategia de largo aliento que de un golpe de suerte.

¿Por qué México? Suman la vecindad con el mayor comprador del mundo, la integración comercial con Norteamérica y una larga experiencia manufacturera acumulada en sectores como el automotriz y el electrónico. Para las empresas que buscan mover producción fuera de Asia sin alejarse demasiado de sus clientes, el país ofrece una combinación difícil de igualar.

El fenómeno se suma a un buen año para el comercio exterior. Las exportaciones mexicanas totales al mundo alcanzaron 471,387 millones de dólares entre enero y julio, 27.7% más que un año antes. Buena parte de ese impulso viene de la manufactura no automotriz, que incluye la fabricación de computadoras electrónicas, dispositivos de almacenamiento y periféricos a cargo de empresas líderes del sector. Dicho de otro modo, la industria que durante décadas se asoció casi en exclusiva con los autos hoy comparte reflectores con la tecnología.

Con todo, el éxito trae una advertencia. La producción de estos equipos en México carece de una estructura sólida de proveedores locales, lo que significa que buena parte de los componentes se importa y que el valor agregado nacional es menor de lo que sugieren las cifras de exportación. Es el talón de Aquiles de un modelo que brilla en las estadísticas, pero que podría aprovecharse mucho más si más piezas, diseño y servicios se generaran dentro del país.

El reto, entonces, es convertir un liderazgo de ensamble y exportación en un ecosistema industrial más profundo: formar proveedores locales, atraer eslabones de mayor valor y asegurar infraestructura, energía y talento que sostengan el ritmo. También habrá que vigilar el entorno, pues el mismo reacomodo geopolítico que hoy favorece a México puede cambiar si se modifican las reglas comerciales o si otros países aceleran su oferta.

Por ahora, los números hablan solos: más de 90 mil millones de dólares, más de un tercio del mercado estadounidense y un crecimiento que casi duplica el de hace un año. México ya no es solo la fábrica de los autos que circulan por las carreteras de Estados Unidos; es, cada vez más, el origen de las máquinas que sostienen su vida digital y la era de la inteligencia artificial. La pregunta ahora es cuánto de ese éxito se quedará en el país.

Maria Saucedo
Maria Saucedo
María es una periodista experimentada que combina su formación en letras con una visión estratégica de la logística, creando contenido inspirador e informativo para nuestro blog.

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