Durante años, la receta para atraer fábricas a México cabía en una sola palabra: cercanía. Hoy esa fórmula se quedó corta. Las empresas que miran hacia el sur ya no preguntan solo cuántos kilómetros las separan de Estados Unidos, sino qué tan rápido pueden producir, con qué talento, con qué energía y con cuánta certeza. Esa pregunta tiene nombre: “smartshoring”, y México está bien posicionado para responderla.
Nearshoring México: de la ventaja geográfica a la ventaja inteligente
El “nearshoring” consiste en llevar la producción a un país próximo al mercado final para recortar costos de transporte y acortar tiempos de entrega. Es una lógica sencilla y eficaz, pero tiene un límite: la distancia, por sí sola, no garantiza competitividad.
El “smartshoring” da el siguiente paso. En lugar de elegir un país por vecino, decide dónde conviene ubicar cada eslabón de la cadena de valor según varias variables a la vez: talento, proveedores, infraestructura, integración tecnológica y estabilidad regulatoria. Osmar H. Zavaleta-Vázquez, especialista de la EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey, lo resume como pasar de ahorrar tiempo a diseñar una estrategia global que reduzca riesgos políticos y asegure acceso a la mejor tecnología y al mejor capital humano.
Talento y capacidades: el terreno del gran salto
El académico ve un enorme potencial en los semiconductores. La razón es que muchos estados ya acumularon experiencia en autopartes, electrodomésticos y equipo médico, capacidades que pueden reorientarse hacia la fabricación de chips. A ello se suman las universidades que forman ingenieros y la cercanía con Estados Unidos, uno de los mayores consumidores de estos componentes del mundo.
En términos prácticos, un fabricante de dispositivos médicos, por ejemplo, puede encontrar en el mismo entorno proveedores, ingenieros y logística para escalar hacia componentes electrónicos más complejos, sin partir de cero.
Su lectura incluye también al sector aeroespacial: el avance de la inteligencia artificial vuelve más valiosos a los especialistas, y México tiene ingenieros y ventajas logísticas para atender esa demanda. Dicho de otro modo, el talento ya no es un complemento del modelo; es su motor, junto con la electromovilidad y la electrónica avanzada.
Logística: la red que convierte la cercanía en velocidad
De acuerdo con el IMD World Competitiveness Yearbook 2025, uno de los grandes retos para aprovechar la relocalización es contar con infraestructura logística avanzada. Carreteras, vías férreas y puertos deben operar casi como una extensión de la planta, de modo que los bienes fluyan sin pausas hacia Norteamérica.
El sur-sureste aporta una pieza llamativa: el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, que busca unir el Golfo de México y el Pacífico mediante los puertos de Coatzacoalcos, Salina Cruz, Dos Bocas y Puerto Chiapas, conectados por tren. Su Línea Z, de 308.5 kilómetros entre Coatzacoalcos y Salina Cruz, reanudó operaciones en diciembre de 2023 tras su rehabilitación, y el proyecto suma Polos de Desarrollo para el Bienestar en Veracruz, Oaxaca, Tabasco y Chiapas.
La otra mitad de la historia es digital. Aduanas inteligentes, inspección no intrusiva y monitoreo en tiempo real buscan reducir los tiempos de despacho en la frontera. Además, la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) avanza en la simplificación de trámites: se eliminó la dictaminación de diversos avisos de comercio exterior que se presentan en la VUCEM, que pasan a ser autogestivos. Eso sí, las empresas seguirán sujetas a verificación por parte de las autoridades.
Mapa de oportunidades: dónde se mueve la inversión
Según la Asociación Mexicana de Parques Industriales (AMPIP), la inversión industrial se concentra en tres grandes zonas, cada una con personalidad propia.
Norte (54.3 % del dinamismo industrial). Monterrey, Juárez, Saltillo y Tijuana dejaron de ser meros centros de ensamblaje para convertirse en ecosistemas de manufactura avanzada. Suman conexión directa con Estados Unidos, inventarios de naves listos para ocupar y mano de obra entrenada en procesos de alta precisión.
Bajío y Occidente (38.8 %). Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí forman un clúster automotriz maduro que ya evoluciona hacia lo aeroespacial y la electromovilidad, con acceso a puertos y fronteras. Es el destino de quien busca madurez operativa y proveedores ya establecidos. Jalisco, por su parte, funciona como el gran nodo tecnológico.
Región Central. La Ciudad de México y el Estado de México se especializan en servicios logísticos, comercio electrónico y distribución.
El respaldo de esta oferta son los parques industriales, que en 2025 registraron 3.3 millones de metros cuadrados de absorción neta, con energía, talento y tecnología integrados. Y detrás de todo, el T-MEC funciona como ancla de certidumbre para planear a largo plazo.
Lo que decidirá a los ganadores
Claudia Esteves, directora general de la AMPIP, advierte que la conversación cambió: ya no basta con la ubicación; pesan la energía, el agua, la conectividad, la seguridad, el talento y una operación confiable. Por eso, más que ganadores únicos, tendrán ventaja las regiones con demanda clara, infraestructura suficiente y condiciones competitivas.
La lección para el inversionista es directa: elegir el corredor correcto importa tanto como elegir el país. México ya tiene la cercanía; el ‘smartshoring’ es la oportunidad de convertirla en inteligencia estratégica.


